Milagros Morales Neyra

“Lo apuñalé en defensa propia”, dijo Milagros Morales Neyra, esposa del congresista Ricardo Pando, a quien le asestó un cuchillazo en la espalda por que se encontraba en ‘un momento de ofuscación’. ¡Vaya que debe de haber estado molesta la señora! Y es que, según ella cuenta, lo hizo después de que Pando le diera una chateada, que no era la primera que le habría propinado si no la última de muchas antes de estallar en ira.

Esta literal puya ha salpicado hasta otros escaños congresales: el del también fujimorista Carlos Raffo, porque entre este caballero y su esposito habrían intentado incluirla en una contrata de empleados fantasmas; y ahora, además, también podrían retirarle la inmunidad parlamentaria al herido padre de la patria por ‘maltrato familiar’.

“Actué por legítima defensa, porque me maltrataba y humillaba en todo momento”, dijo la agresora. Pidió disculpas a Dios y a sus hijos por este hecho y terminó sus declaraciones recomendando a toda mujer que denuncie cualquier tipo de maltrato.

Interesante reacción. ¡Ojo! No justifico ilícitos penales; pero hay que ver cómo se pone la gente cuando se la hinca e hinca hasta el punto de ‘ya no más’. Al parecer esa última cachetada llevó hasta ahí a Milagros Morales, y uno se hace la pregunta ¿Cuántas cachetadas recibimos los peruanos por día, mes y gobierno?

Me explico: cuando vemos que el gobierno sabe de tus necesidades y se hace el loco; por ejemplo, en los friajes. Se sabe de sobra que éstos vendrán el siguiente año y volverán a matar a personas y ganado pero el gobierno no se mueve si no hasta que hay medio centenar de muertos  declarados por el MINSA y se puede hacer una campaña mediática con puntos de acopio de donaciones, cámaras y viajes para ver a los necesitados hermanos del sur. Es la cortina de humo favorita de mediados de todos los años. Otro ejemplo: cuando un policía recibe un sueldo insuficiente para bien mantener una familia y además se le pide que vaya y enfrente en pobres condiciones de logística e inteligencia a una turba de personas, que pueden o no tener la razón en sus protestas, pero que bien podrían matarlos tal como pasó en El Pómac y en Bagua. Otro ejemplo: cuando se eres un nativo y ves que quieren expropiar tus tierras para hacer un proyecto petrolero sin darte explicación alguna porque según tu presidente: “Ya está bueno, estas personas (los  pueblos aborígenes) no tienen corona, no son ciudadanos de primera clase que puedan decirnos 400 mil nativos a 28 millones de peruanos tú no tienes derecho de venir por aquí, de ninguna manera, eso es un error gravísimo y quien piense de esa manera quiere llevarnos a la irracionalidad y al retroceso primitivo” (¡cuántos adjetivos en una sola frase!). Entonces, eso quiere decir que para algunos egos hay ciudadanos de primera, segunda, etc. Otra: cuando un recurso te pertenece, como el gas de Camisea, pero no has visto nada de él porque todo se va a otra región y, encima, después te dicen que para ti ya no hay, que hay poco o que ya veremos. Un  último ejemplo: cuando cualquiera de nosotros –que pagamos impuestos, supuestamente–  recibe un mal trato en cualquier institución.

Todas esas cachetadas, golpe a golpe, resienten a la gente hasta decir ya no más, por eso –entre otras cosas– en el pasado han tenido cierto éxito los grupos violentistas; hay zonas deprimidas por la pobreza y el narcotráfico; y existe un constante clima de desconfianza ante el gobierno, que no debería ser así, ya que complica el cambio de cara al futuro.

Esa puñalada tiene un sentido más profundo que la sola bronca entre marido y mujer, es la expresión reprimida de muchos ante los abusos que hay a diario. Para dejar todo ese cáncer de lado los peruanos, antes que nuestros gobernantes, debemos de hacer valer nuestros derechos, denunciar los abusos, ser honestos y apoyar al compatriota, eso sí, con muchísimo tino y cuidado no vaya a ser que nos topemos con algún sapazo, bacalao u otorongo, especies abusivas y de extremo cuidado.  

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Este es un artículo también publicado en la columna Perú es Babel de El Diario del Cusco

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