Tomado del blog de Mario Romanet

todavialucido.blogspot.com

Tengo un forado en la vena del brazo izquierdo, y no es porque me haya aplicado el primer chutazo de heroína de toda mi vida. Simplemente sucedió que fui a hacerme unos análisis al seguro y la enfermera me sacó la sangre con sierra eléctrica. Ah, pero con mucha cortesía y una sonrisa amplia en el rostro.
No es raro escuchar malas experiencias de los usuarios de EsSalud, desde maltratos verbales hasta la indiferencia de algunos doctores y/o enfermeras. También problemas con las citas e interconsultas o con el mantenimiento de los locales. Se queja el amigo que trabaja al lado de tu oficina y también muchos anónimos que llaman a las radios para dar sus reclamos. Me quejo yo y te quejas tú. ¿Qué hemos hecho para merecer un servicio así?
No se si de terco sigo afiliado a EsSalud, aún tenga la posibilidad de apuntarme en un seguro particular. Tal vez sea el temor a no poder mantener económicamente el tratamiento de alguna enfermedad rarísima, o tal vez porque pienso que en algún momento pueda necesitar un transplante de sesos, y bien sabemos todos que en lo único que destaca EsSalud es en doctores de altísima cirugía. Pero también se que sigo afiliado por las ganas de joderlos cuando se muestran indiferentes.
Así fue que me animé nuevamente a sacar citas para una y otra cosa. La sorpresa fue que cuando llamé a Aló EsSalud me atendieron excelentemente por el teléfono. La señorita me ayudó a encontrar el día y la hora adecuada para atenderme. En realidad ésto me extrañó muchísimo.
Fui a mi cita y en el camino, como buscando motivos para rayarme, iba preguntando a asistentes y vigilantes una y otra cosa para que me brinden orientación. Sin embargo me quedé frustrado pues recibí la ayuda necesaria sin ningún mal gesto. De la misma manera me atendió la doctora que me asignaron, quien muy esmeradamente hizo las preguntas necesarias para derivarme a otras especialidades. Ese día me fui a casa algo confundido, hasta me sentí mal por mi incredulidad.
La doctora me dijo “Mira hijo, mañana llamas al teléfono de EsSalud y pides tus citas. Como son interconsultas te pueden citar para el siguiente día”. Yo estaba fascinado. La buena doctora también me solicitó análisis para adelantarnos a los que puedan solicitar los otros galenos. Todo perfecto y hasta increíble.
Al siguiente día volví a la triste realidad. Llamé al seguro y me respondió un monstruo. Le expliqué acerca de mis interconsultas solicitándole ayuda para ver unos horarios adecuados. El monstruo me dijo que sólo tenía en su sistema una cita para mi y que de la otra no sabía nada. También me dijo que no me podía dar la cita porque todo estaba full para ese mes. Le conté lo que la doctora me dijo acerca de la inmediatez de las interconsultas, pero nada, sólo me dijo cortante “si desea cita para los primeros días del siguiente mes llamé la semana que viene, gracias por llamar”. Y a la mierda todo.
Lamentablemente estaba con algunos problemas encima en esos momentos y poca importancia le presté al tema. Y por esos mismos problemas casi me olvido de ir a mi cita para los análisis. 10 de la noche, ya casi listo para ir a dormir, me acordé de las pruebas de sangre y orina que debía entregar al siguiente día muy temprano. Incluso tuve que pedir un permisito en la chamba para llegar un poco tarde.
Llegué muy temprano a la clínica que me correspondía. Mi frasquito de orina en la mano, mi estómago rugiendo por la ayunada y mi preocupación por salir rápido de todo el ajetreo para llegar al toque a mi trabajo. Fui el tercero en la fila, pues siempre hay esos viejitos que se levantan fanáticos a las 2:00 am para ser los reyes de la cola (aún estén sentados esperando cuatro horas hasta que los atiendan). Esperé, esperé y en eso llegó. Un hombre de cabeza cuadrada y hocico de bóxer llegó con un rostro bastante malhumorado y de frente con la pata en alto. “Tercera edad se quedan sentados, todos los demás pal otro lado… hagan la cola pegados a la pared, rápido por favor”. No hay nada malo en que te guste la milicia, lo malo está en considerarte un bravo milico en el lugar indebido y menos si tratas a los pacientes como reclutas.
Medio que me jodió, pero qué pitear cuando lo único que quieres es salir pronto de todo para volar a trabajar. Bien pegado a la pared esperé mi turno mientras oía al bóxer ladrarle a los últimos de la fila. Nos dio unos papelitos sin explicar para qué carajos servían -después me enteré que eran para recoger los resultados de las pruebas- y seguía ladrando y ladrando. “Ya les he avisado, si se mueven de la cola es su problema” “Muévase por favor”. Pobre cojudo.
Me sentí más aliviado cuando pasé a poner el brazo para la chupada de sangre. La señora que me tocó era muy amable, incluso me dijo Buenos Días… de Ripley. Obviamente respondí el saludo y seguí las clásicas instrucciones. Iba a decirle algo a la señora y en eso sentí la perforación.
Yo no tengo problemas con las agujas, inyecciones, tatuajes, etc etc, pero la sensación que sentí en ese momento fue algo muy nuevo. Nunca me había dolido tanto que me saquen sangre, y el dolor se prolongaba y prolongaba mientras la señora hablaba con su chochera de al lado. Al fin sacó el arpón maldito de mi vena y cerré mi brazo. Me fui del lugar tras “agradecerle” a la vieja (tras tremendo martirio ya dejó de ser la buena señora para convertirse en vieja bruja) y volé a la otra cola para dejar la pichi en frasco.
¡Y qué tremenda cola! En esta nueva fila de meadas en botella no había un bóxer ladrando. Los que ladraban eran los usuarios pues éramos muchos y la cola no avanzaba. Al fin dejé mi recipiente -muy bien rotulado como para que no me digan nada- y salí a todo pique para tomar un taxi. Me había demorado mucho más de lo que esperaba.
Ya sentado en el carro quise abrir el brazo y sacarme el algodón, pero me dos cosas hicieron que retroceda en el intento: me dolía feo y el algodón estaba empapado de sangre. Solapa miré por un ladito del brazo y no vi un huequito, sino un tajito de donde salía sangre. Tuvo que pasar una hora en la chamba para que se secará en algo el asunto. Al siguiente día supuró y hasta ahora tengo la cicatriz de tremenda cojudez.
Tantas historias que hay para contar, como la de mi camarada Sergio que vio cómo mandaban a la cola a un sujeto con la mano bien maltrecha y goteando sangre. O también otra personal, retorciéndome de dolor en emergencia sin que nadie me ayude a sacar cita. Siempre habrá la historia de algún afiliado, historias que parecen escaparse de la realidad. Y eso que no hablamos de las instalaciones.
Dicen que el seguro ha cambiado ¿es en serio? Si cambió casi ni lo noté.

Noticia

http://www.larepublica.pe/sociedad/01/02/2010/cortan-piernas-y-un-brazo-anciana-0

comentarios
  1. Sonia dice:

    Bueno lo que yo se, que las que atienden alli son gente que trabajan porque les pagan si no.. a esa gente les llega bien en alto el pobre paciente que por alguna razon u otra solicitan una cita; hay tanta gente contratada en essalud que estan por las puras alcachofas, ni ellas mismas se orientan bien y sobre todo esas personas infiltradas que son del ejercito cachacas cuando no.

  2. Julio dice:

    Tienes razón, su sistema de servicio es de lo peor, encima hay empleados que hacen los que se les da la gana

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