Adiós a ‘El Veco’: Réquiem por un maestro que se fue

Publicado: 8 febrero, 2010 de Kalki en bizarro, Noticias, Peru es Babel, sudamerica
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Fuente elcomercio.pe

Bonachón y bromista, Don Emilio mezclaba el análisis serio con pinceladas de humor. Y exigente como fue, no se cansó de recomendar sus columnas “porque no hay nota terminada, solo entregada”

Conocí a El Veco de una manera circunstancial. Difícil, diría. Ni siquiera en tierras extrañas sino en la mismísima sala de redacción del diario “El País”, de Montevideo, donde él era jefe de Deportes. Eran los días previos del partido que por las Eliminatorias del Mundial del 82 iban a sostener peruanos y uruguayos en el estadio Centenario. Su solo comentario dominical –día del partido– en que hacía ver los riesgos que podía tener el equipo de Roque Gastón Máspoli ante el de Tim ‘levantó’ un sinnúmero de opiniones entre sus colegas de “El País”.

Consumada la derrota (1-2), recuerdo que al día siguiente nos contó que tras ingresar a la redacción de vuelta del estadio, solo el jefe de la página hípica de “El País” se acercó hasta su sitio para saludarlo y felicitarlo. En los demás hubo un profundo silencio, lógicamente adosado por el sinsabor de la derrota que terminó dejando –posteriormente– fuera del Mundial de España a la celeste.

De allí para adelante, creo que la suerte estuvo sellada para El Veco en cuanto a redacciones periodísticas uruguayas se refiere. Un profesional de su jerarquía no se iba a andar con medias tintas ni menos dejarse soplar la pluma por nadie.

Pocho Rospigliosi, jefe de Deportes de El Comercio que había viajado con nosotros, lo terminó de convencer cuando se jugó el partido de vuelta (0-0) en Lima, y entonces Emilio Lafferranderie (“por favor con dos ‘f’ y termina en ‘derie’”, no se cansó de decir) no lo pensó dos veces y se quedó con nosotros hasta el día de su muerte.

Quiero recordar en estas horas a El Veco bonachón, risueño, que a golpe de diez de la noche, cuando la edición de Deportes estaba cerrada con Pocho a la cabeza, se ponía a recordar los tangos famosos que en sus mejores momentos de bohemia escuchó. Y él, ante exigencia nuestra, los cantaba con una voz estentórea. Aún recuerdo aquel “Tiempos viejos” que comenzaba con “¿Te acordás hermano? ¡Qué tiempos aquellos!…” o “Malena canta el tango como ninguna”. Ni qué decir de “El Percal”. Y punto porque luego decía: “Ya estuvo bueno, compren sus entradas para la siguiente función”.

PERIODISTA EXIGENTE
Como columnista enviado especial de El Comercio junto con Pocho al Mundial de España 82, me tocó recibirle algunas veces su columna. Meticuloso siempre, exigente por demasía, El Veco se cuidaba de que sus notas tuvieran todo lo que él pudiera pedir, “porque siempre apuesto a ganador, ya que cuando comienzo a redactar una nota tengo la completa seguridad de que resultará buena…”.

Por eso hasta mediados del 2009 cada vez que hablábamos telefónicamente lo escuchaba decir: “Mario, estoy escribiendo mejor que nunca, parezco un pibe, creo que estoy en mi mejor momento y por eso pienso en mi libro [‘Fútbol es pasión’, luego llegaría ‘De vuelta al barrio’] y no veo la hora de que salga”.

Pero casi enseguida le salía el malhumor oriental: “Esta computadora que a veces ni la entiendo y por poner un acento me sale otra cosa, pero allí vamos luchando; qué nos queda a estas alturas de la vida, pero ¡qué carajo! cómo no voy a extrañar mi máquina de escribir…”.

Y como se quedaba en su departamento miraflorino corrigiendo y corrigiendo el original ya enviado, nada entonces más precisa la frase que una vez le escuché decir: “Nunca hay nota terminada, hay nota entregada…”. Por eso el riiing del teléfono para atenderle una corrección más siempre se escuchó.

Como maestro que fue toda la vida, El Veco no se cansó de criticar a las nuevas promociones de periodistas “que solo escriben por escribir pero no dicen nada, mi hijo”. Recomendaba leer y leer siempre “porque los desafíos están en el día a día y si hoy la nota entregada fue bárbara, la de mañana será mejor…”.

Por eso, siempre dirigiéndose a los jóvenes periodistas que hoy egresan de los centros superiores les señalaba que hay que pensar seriamente en lo que se escribe. “Y releer porque así las frases que muchas veces quedan cojas o no se entienden se pueden corregir”.

Desde Punta del Este, donde estuvo a comienzos de año, recibí su llamada. Fue la última vez que lo escuché. Era para recomendar su columna. Así fue siempre, tenaz.

EN EL RECUERDO
“Periodista de los grandes, de primer nivel en tres países y con versatilidad, pues hizo con el mismo acierto prensa escrita y radio, así como televisión. Un crack”. Jorge Barraza, periodistia argentino.

“Tuvieron sus notas un estilo propio, de gran sensibilidad humana y eso lo hizo un periodista singular. Mi amistad con él fue de muchos años”. Julio M. Sanguinetti, ex presidente uruguayo

“Emilio contribuyó a consolidar con su pluma todo el gran valor del fútbol sudamericano. Lo echaremos de menos por todo lo que representó”. Javier Quintana, secretario de la FPF

“Es una profunda pérdida por todo lo que hizo con la sapiencia de su pluma en el Río de la Plata y luego en el Perú. Hago llegar mi sentido pésame a la familia”.
Néstor Benítez, jefe de prensa de la Conmebol

“Reunió todas las capacidades que puede tener un periodista más allá de su obsesión por la perfección del trabajo y un nivel de persistencia”.
Eddie Fleischmann, periodista.

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